TARJETA SANITARIA INTELIGENTE
- Consejo Editor AVECI
- hace 8 horas
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Nuestro sistema sanitario público es uno de los grandes logros de nuestra sociedad, pero enfrenta un desafío serio. El envejecimiento de la población y el aumento constante del gasto amenazan su sostenibilidad a largo plazo. Ignorar este problema no lo resuelve. Por eso, quiero compartir una propuesta concreta, práctica y solidaria: la Tarjeta Sanitaria Inteligente (TSI).
¿En qué consiste?
Cada ciudadano recibiría, como ya tenemos, la misma tarjeta sanitaria actual, pero ya convertida en Inteligente y completada con un saldo anual sanitario equivalente al coste medio que genera cada persona en el sistema sanitario público. En la actualidad, alrededor de 1.800-2.000 euros al año, ajustable por edad y riesgo.
Al acudir al médico, hacerse una prueba o recoger una medicación, la tarjeta inteligente, convertida ya en una app, mostraría el coste real y lo descontaría de tu saldo. Así sabríamos exactamente cuánto vale lo que usamos y podriamos realmente valorar lo que tenemos con la sanidad en España.
¿Por qué es una buena idea?
Transparencia: Dejaríamos de ver la sanidad como gratis e ilimitada. Valoraríamos más el esfuerzo de médicos, enfermeros y contribuyentes.
Uso responsable: Reduciríamos las visitas innecesarias y el abuso del sistema, liberando recursos para quienes realmente los necesitan.
Solidaridad real: Si alguien agota su saldo por una enfermedad grave o crónica, familiares, amigos o incluso su comunidad podrían transferirle saldo de forma voluntaria y segura. Nadie se quedaría sin atención.
Ahorro inteligente: Se estima que podría reducir entre un 10-15% el gasto innecesario sin recortes ni privatizaciones.
Moderno y sencillo: Se implementaría de forma digital, reutilizando tecnología ya existente, con total protección de datos.
Esta no es una medida contra la sanidad pública, sino a favor de su futuro. Es una forma innovadora de mantenerla universal, gratuita en el acceso y sostenible en el tiempo. Los posibles inconvenientes son técnicos y salvables: se puede diseñar con criterios médicos para enfermedades crónicas, con un fondo de solidaridad pública complementario y con total supervisión para evitar abusos. No se trata de cobrar más, sino de gestionar mejor lo que ya pagamos entre todos.
Invito a ciudadanos, profesionales sanitarios, partidos políticos y administraciones a debatir seriamente esta propuesta. La sanidad de nuestros hijos y nietos depende de que seamos capaces de modernizar el sistema sin dogmas ni miedo. Porque querer que la sanidad pública sea sostenible no es de derechas ni de izquierdas: es de sentido común.
Fuente: 65ymás – Paulino González
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