EL CORTE INGLÉS Y LA ASOCIACIÓN
- Consejo Editor AVECI
- 11 abr
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Para el mundo empresarial, El Corte Inglés es todavía una compañía bastante joven, que no ha alcanzado aún los cien años de vida, y eso explica algunas cosas. Porque, a pesar de su corta historia, todos sabemos bien que, durante la segunda mitad del siglo XX, El Corte Inglés llegó a ser una de las empresas más admiradas de España.
Su prestigio, que en buena medida aún perdura, le llegó muy pronto y alcanzó cotas extraordinarias en el ámbito de los negocios. La confianza que generaba El Corte Inglés igualaba, e incluso superaba, a cualquier otra garantía existente en aquellos años.
Su firme apuesta por la modernidad y la innovación, junto con un decidido compromiso con el cliente, la convirtieron en un modelo a seguir para quienes aspiraban al éxito empresarial.
Pero El Corte Inglés no solo destacó por su actividad económica. También fue innovadora en su relación con quienes trabajábamos en ella —a quienes empezó a llamar “colaboradores”— reconociendo siempre nuestra importancia en el desarrollo del negocio. Aunque su política de personal fue en ocasiones discutida, lo cierto es que resultó muy eficaz, logrando un grado de implicación que aún hoy resulta difícil de igualar. No es extraño que despertara admiración, e incluso sorpresa, tanto en el mundo empresarial como en el ámbito laboral, donde era considerada una de las mejores empresas para trabajar.
Con estos mimbres, El Corte Inglés, en todo su grupo empresarial, llegó a crear cientos de miles de puestos de trabajo. A muchos de nosotros nos cuidó, nos formó y nos compensó de manera generosa. Sin embargo, centrada en el día a día y en su crecimiento, aquella empresa bisoña no llegó a plantearse la necesidad de construir una cultura que mantuviera el vínculo con sus empleados una vez finalizada su vida laboral. Probablemente, en aquel momento, nadie pensaba que ese día llegaría.
Y, sin embargo, llegó. A finales del siglo pasado, cuando la empresa estaba en esplendor, los jubilados de El Corte Inglés apenas cabían en un taxi. Hoy la realidad es muy distinta: quienes entonces éramos jóvenes hemos ido alcanzando la edad de retiro, y el colectivo de exempleados ha crecido de forma rápida y constante.
En la actualidad, en este año 2026, puede afirmarse que los empleados en activo son ya muy inferiores en número a quienes ya hemos abandonado la empresa. La relación de estos últimos con El Corte Inglés se limita, en la mayoría de los casos, a la de simples clientes.
A pesar de no haber cumplido todavía su primer siglo de vida, no es aventurado afirmar que El Corte Inglés es, probablemente, la compañía en la que han trabajado más españoles que hoy siguen vivos. Somos, con toda seguridad, más de trescientas mil personas las que, durante distintos periodos, hemos formado parte de su plantilla. Pocas —o ninguna— empresas pueden decir lo mismo.
Todos nosotros, en mayor o menor medida, contribuimos en su momento al crecimiento y prestigio de El Corte Inglés. Y la inmensa mayoría seguimos sintiéndonos orgullosos de haber pertenecido a ella, deseándole lo mejor en su futuro.
Llegados a este punto, cabe preguntarse, más allá de los vínculos sentimentales, ¿no sería conveniente que la empresa prestara una atención específica a este importante colectivo de antiguos empleados? Algunos pensarán que no es necesario, que la fidelidad de muchos y los descuentos que se ofrecen a unos pocos son suficientes para mantenernos como clientes.
Desde la Asociación de Veteranos de El Corte Inglés no compartimos esa opinión. Creemos que una relación más fluida y estructurada entre la empresa y sus exempleados sería beneficiosa para ambas partes.
A pesar de nuestros esfuerzos, todavía no hemos logrado establecer un canal de comunicación eficaz con la empresa. Solo en una ocasión —con motivo del certificado de cotizaciones para la devolución del IRPF— fuimos atendidos de forma adecuada. En otros asuntos que consideramos relevantes, como la ampliación de descuentos, la difusión de promociones o el acceso a determinados beneficios sociales, la respuesta ha sido, hasta ahora, el silencio.
Además de nuestro importante número, no debe olvidarse que muchos de nosotros ejercemos influencia en nuestro entorno familiar, lo que hace aún más difícil de entender que este colectivo siga siendo ignorado.
Por nuestra parte, y dado que ahora sí disponemos de tiempo, continuaremos insistiendo en la necesidad de crear ese canal de comunicación que consideramos importante, tanto para nosotros como para El Corte Inglés.
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